18 marzo 2012

BORGES: ANÁLISIS Y COMENTARIO EVALUATIVO (Daniela Valenzuela)


Jaime Rest[1] nos da a entender que la postura de Borges a lo largo de su obra es la siguiente: todo debe traducirse en materia verbal pese a que el lenguaje sea limitado y nos limite. Como el signo lingüístico en su arbitrariedad no puede trasladar la realidad, deber reivindicárselo sólo como juego, por su calidad estética, sin dejar de hacer manifiesto el artificio. Así, Borges se empeña en mostrar que todo lo que enunciamos es ficción y que como tal debe ser considerado.
La postura de este autor, nos sirve para avalar el planteo central de la obra de Sylvia Molloy, quien nos presenta a un Borges resignado al advertir la ineficacia del lenguaje. Sin embargo, pese a la desilusión, él no puede evitar sumirse en el juego literario, justamente porque el signo no es la realidad, puede crear ambigüedades, insertar rupturas,  buscar la descentralización, la confusión, el caos, y reinventar la lógica del tiempo y del espacio. Gracias a su propia esencia y a la figura del lector, el texto puede multiplicarse ad aeternum. La acertada visión de esta autora abre la posibilidad de un vasto análisis de los textos seleccionados, del cual aquí se presentará un mero esbozo.

            “Borges y yo”
            El primer desdoblamiento se da, como en toda ficción, entre el autor empírico y el textual, y, luego, entre este último y el narrador[2]. Aquí todos son Borges y ninguno lo es. Además, el narrador, se siente desdoblado en el otro (el Borges consagrado). Para complejizar más la temática, siguiendo a Molloy, podemos postular que, también, el yo y el otro, en tanto personajes son un desdoblamiento, ya que son construcciones lingüísticas: ambos son nombrados, y el nombrar es enmascarar y plasmar un reflejo, que, por cierto, no es estático, ya que, en palabras de Molloy, oscila entre “un anverso y un reverso que nunca coinciden”[3]. Se nombra y, automáticamente, se crea un doble, ya que la palabra no es la realidad.
            En la obra, el yo, se postula como una persona común y corriente,
“Yo camino por Buenos Aires y me demoro (…), para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel (…) Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson”[4]
perdiendo así de vista, en un primer momento que él también pasa a ser el nombrado así como también pasa a ser una construcción, al igual que ya lo es el otro, al cual critica. La diferencia radica en que el yo es nombrado por sí mismo, en cambio el otro no solo es nombrado por el yo narrador, sino también por otros. El otro Borges es el que la escritura, la cultura, la tradición escribieron/ construyeron y que dista del yo, así como ambos distan del Borges empírico.
…de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico.”[5]
            Advertimos entonces que el otro Borges es el reflejo del Borges escritor, por eso, cuando el narrador se refiere a él, menciona “su perversa costumbre de falsear y magnificar”[6]. En esta cita se plasma la visión del autor sobre su literatura y la literatura: esta es falsa, es hiperbólica, es reflejo, es máscara, es un juego carnavalesco. Como explica Molloy, al nombrar algo, intentando fijarlo, este nombre se vuelve máscara y la máscara oculta el verdadero nombre. El yo siente que al no ser él fijado por la escritura está destinado a perderse, a diferencia del otro, “Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro”[7], siente a su vez, paradójicamente, que el otro es el que le da una única posibilidad de supervivencia, ya que una pequeña parte del yo, va a poder vivir en el otro (“… sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro”[8]).
Sin embargo, el texto no otorga la capacidad de perseverar, porque el personaje que se plasme en él, podrá, a lo sumo, ser, según Molloy, un “simulacro fijo”[9]. Entonces, ni el yo ni el otro van a poder sobrevivir, o quedar fijos en la cultura, gracias a la literatura. La máscara/ nombre, no fija, sólo confunde, y ahí, en ese punto de confusión, tanto el lector como el autor se pierden en la desconfianza. La incertidumbre termina de asentarse en la última oración del texto, en la cual, el mismo narrador se encuentra a sí mismo perdido en el juego de caras y caretas y dice no saber cuál de los dos es el que escribe. Esto se debe, por un lado, a que al constituirse el yo como narrador/ escritor/ personaje, se está volviendo el otro; pero por otro lado, la confusión surge en el momento en que el yo fue nombrado, ya que en ese mismo acto, se lo enmascaró sin que haya posibilidad alguna de distinción -“se escribe y se lee el texto borgeano en la inseguridad”[10].
El fracaso de la acción de nombrar genera en Borges una búsqueda: él procura no nombrar, no crear, sino aludir. No obstante, aludir es otra forma de nombrar, la toma de conciencia de esto genera resignación. Este sentimiento lo acerca a la figura del autor aquí mencionado: Stevenson. En él, el ejercicio literario genera culpa y en Borges, resignación, nostalgia que se manifiesta a lo largo de “Borges y yo”.[11] Ya que el nombrar te vuelve ficción y no criatura viviente.

“Tema del traidor y del héroe”
El cuento se inicia con un narrador que es escritor, quien dice que bajo el influjo de Chesterton y Leibniz inventa un argumento. Ahora bien, el primer problema que se nos presenta en este párrafo es el de la erudición borgeana. A pocas palabras de haber comenzado el relato ya se hace referencia al escritor inglés y al filósofo alemán. Molloy plantea que el prestigio de Chesterton (como de cualquier otro autor que se mencione) queda abolido por la casi inmediata mención de otra figura destacada, en este caso, la de Leibniz (y otras posteriores). Ella afirma que la acumulación de citas, alusiones o menciones no es más que una manera de discutir los límites de la cultura, de hacer evidente un distanciamiento y de revelar el artificio literario[12]. Las menciones a otros autores abundan en este cuento y, de hecho, la figura de Shakespeare es la que cobra luego una mayor importancia para el desarrollo de la historia.
Este narrador/ escritor inventa una ficción en la cual crea un personaje/ escritor, llamado Ryan. La escritura da la posibilidad de (y obliga a) tergiversar la realidad y, por ende, le permite a Ryan reescribir las causas de la muerte de Kilpatrick para que la historia siga considerándolo un héroe, pese a haber sido un traidor. Así como el primer narrador crea a Ryan, éste, en su investigación sobre su bisabuelo, descubre a otro narrador, el que construyó la muerte de su antepasado a partir de la obra de Shakespeare. Este último narrador logra “un texto (…) que se impone a esa muerte y hace que cambie radicalmente de signo[13]” En vez de dejar ver que muera condenado por traidor, hace ver que Kilpatrick es injustamente asesinado, y de esta forma utiliza la muerte del supuesto héroe como disparador para la revolución del pueblo, el cual sigue idolatrándolo. La historia actuada y la escritura que hará Ryan no son más que una máscara: de Kilpatrick no quedan más rastros que esas máscaras que son el artificio literario, el mismo artificio que se anticipa al comienzo del cuento y a lo largo de éste con la inclusión de tantas menciones eruditas, las cuales son, también, máscara. Sin embargo, aquí, como todos escriben, hay muchas caretas, entonces, en ese punto, el personaje se vuelve, como postula Molloy, un conjunto de personajes: tal es el caso de Kilpatrick, escrito por Nolan, por el primer narrador y, potencialmente escrito por Ryan. A su vez, Kilpatrick, es leído por  varios lectores dentro de la ficción y fuera. Además, gracias al paralelismo este personaje es también el Julio César de Shakespeare, personaje que se suma al conjunto de personajes previo[14].
El indicio que hace que Ryan llegue a la “verdad” sobre el asesinato, es lo artificial de las situaciones sobre la muerte de su bisabuelo: el clarísimo paralelismo con la historia de Julio César en la versión shakesperiana y la cita de Shakespeare pronunciada por el supuesto mendigo. Todo se vuelve artificio, todo es escritura “…todo y todos ya han sido escritos y todo y todos escriben[15], y la escritura nos vuelve a lo carnavalesco. Todo lo que parece no es: esto es lo que en un primer momento lleva a Ryan a postular la idea del laberinto circular: hay que darles a las cosas un vuelco, el cual lo lleva a descubrir “la verdad”, que él elige silenciar, pero que el primer narrador nos cuenta.
Kilpatrick juró colaborar en ese proyecto, que le daba ocasión de redimirse y que su muerte rubricaría[16].”
            Aquí, como advierte Molloy, sujeto y objeto pueden revertirse: “el proyecto rubrica una muerte pero también esa muerte rubrica el proyecto[17]”. Anverso y reverso (cara y careta) se vuelven a confundir. A su vez, “Nolan rubrica los últimos momentos de Kilpatrick; y Kilpatrick, como lector partícipe del proyecto (…) también rubrica (…) el texto de Nolan.[18]” En esta rúbrica elige participar también Ryan quien “Comprende que él también forma parte de la trama de Nolan[19] y así se desvía de la verdad y la modifica en su futuro texto. Esto cierra el relato de una manera similar a la cual fue comenzado: haciendo evidente que la literatura/ escritura no son más que meros artificios, meros juegos de oscilación, de enmascaramiento, de descomposición, de descentralización. Tal como plantea Molloy, las variantes que se presentan, las reescrituras, las desviaciones, logran que el texto se multiplique (lo que Nolan “escribe” lo enriquece Kilpatrick y los habitantes de Dublín, Ryan enriquece el “texto” que descubre, y, a su vez, el primer narrador enriquece la lectura de Ryan), así como también “El tema del traidor y del héroe” se multiplica con la lectura del lector.




[1] A.A V.V. (1981) en Borges y la crítica CEAL: Buenos Aires.
[2] Drucaroff, Elsa (1996) en Mijail Bajtín. La guerra de las culturas. Almagesto: Buenos Aires, Argentina.
[3] Molloy, Sylvia (2000) en Las letras de Borges y otros ensayos. Beatriz Viterbo Editora: Rosario, Argentina. Cap. I.
[4] Borges, J. L. (2005) “Borges y yo” en El Hacedor EMECÉ Editores: Bs. As.
[5] Borges: Op. Cit.
[6] Borges: Op. Cit.
[7] Borges: Op. Cit.
[8] Borges: Op. Cit.
[9] Molloy: Op. Cit. Cáp. I
[10] Molloy: Op. Cit. Cáp. I
[11] Molloy. Op. Cit. Cáp. V
[12] Molloy. Op. Cit. Cáp. VI
[13] Molloy. Op. Cit. Cáp. II pág. 64
[14] Molloy. Op. Cit. Cáp. III
[15] Molloy. Op. Cit. Cáp. II pág. 66
[16] Borges, J. L. (2005) “Tema del traidor y del héroe” páginas 183 a 189 en Ficciones  EMECÉ Editores: Bs. As. (Edición especial para La Nación).
[17] Molloy. Op. Cit. Cáp. II pág. 67
[18] Molloy. Op. Cit. Cáp. II pág. 67
[19] Borges. Op. Cit. 

04 enero 2012

Historia de la lengua española - síntesis basada en el libro de Rafael Lapesa


         El latín
El latín es una lengua indoeuropea del grupo itálico que, cediendo al cambio lingüístico, diferente en cada una de las provincias pertenecientes al Imperio Romano, dio origen a las lenguas romances. Algunas de éstas son el castellano, italiano, francés, portugués, catalán, rumano, entre otras.

Hispania antes y después de la romanización
En el año 218 a. C. durante la segunda guerra púnica desembarcaron los romanos en la Península ibérica con el fin de conquistarla, momento en el cual comenzó la incorporación definitiva de Hispania al mundo grecolatino.
La conquista implicó transformaciones en todos los órdenes de la vida: en el técnico- agrícola e industrial, en las costumbres, en la vestimenta, en la organización civil, jurídica y militar así como también en el idioma.
Las dos zonas de penetración de los romanos fueron: el este y el sur de la Península. Al este llegaron soldados y mercaderes, de ahí que el latín de esa región fuese menos puro a comparación del que se hablaba en el sur, ya que allí habían llegado funcionarios y personas letradas, cuyo idioma era más puro.
Antes de que se diera la llegada de los romanos, había varios pueblos aborígenes habitando en la Península, estos eran: los íberos, los tartesios, los celtas y los vascos.
·        Los íberos eran un pueblo de origen probablemente norteafricano, que se estableció en el este de la Península.
·        Los tartesios se asentaron en el sur y estaban relacionados con los tirsenos de Asia Menor de los que procedían los etruscos. Los fenicios y los griegos se disputaron el predominio en la región y los vencedores fueron los fenicios. Los cartagineses eran herederos de estos y, por ende, reafirmaron la influencia de sus antecesores fenicios (1.100 a. C. en España).
·        Los celtas eran procedentes de Europa central, ellos llegaron a la actual Portugal y baja Andalucía en el s. VI a. C. Es posible que haya habido otras oleadas célticas posteriores. Al momento de la romanización, los celtas estaban asentados en el oeste y el centro de la Península.
·        Los vascos se hallaban establecidos al norte de la Península, a ambos lados del Pirineo.

Entre estos pueblos naturales de la Península hispana había diversidad de lenguas. Las lenguas prerromanas eran:
·        La ibérica.
·        La tartesia
·        La púnico- fenicia
·        La griega
·        La celta
·        La vasca.

Todas estas lenguas cedieron frente al latín menos la vasca. Aunque esta última lengua haya tomado varios latinismos, la región vasca fue la única que no adoptó el latín como lengua propia.
La imposición de la lengua latina (fenómeno de latinización) se llevó a cabo de la siguiente manera:
·        Dándole al latín carácter oficial
·        Con la acción de la escuela
·        Con la acción del servicio militar
·        Por la inculcación de la idea de superioridad cultural
·        Por la conveniencia de emplear un instrumento expresivo común a todo el Imperio.

Las hablas indígenas fueron quedando sólo en la conversación familiar hasta que se llegó a la latinización completa. En el centro, oeste y norte de la Península, la latinización tardó más en llegar porque la invasión se había dado por el este y el sur, zonas que fueron las primeras en latinizarse.
Pese a que el idioma de los conquistadores se impuso como lengua en Hispania, las que ya se hablaban en la Península influyeron, también, modificando al latín. Este fenómeno se conoce como sustrato y se da cuando la lengua dominada deja sus huellas en la dominante.
El fenómeno de sustrato se dio, por ejemplo, en los siguientes casos:
·        Fonología:
1) evolución /f/ inicial latina > [h] aspirada > 0
Este fenómeno se dio por sustrato vasco, ya que este idioma parece no haber tenido /f/ originaria y en los latinismos que ellos adoptaron, solían cambiarla por /b/ o /p/.
2) ausencia de /v/ labiodental
Se dio también por sustrato vasco. En los demás romances existe este fonema.
3) evolución del grupo /kt/ > [ch] por sustrato celta.

·        Morfología:
1)      Los sustantivos celtas de tema en –o hacían su nominativo plural en –os; esto pudo haber contribuido a que la formación del plural castellano para los masculinos siguiera la misma forma.

·       Léxico:
1)      Incorporación de nombres de álamos y plantas por sustrato celta, tales como: álamo, berro, entre otros
2)      Incorporación de la palabra barranco por sustrato ibérico, entre otras.
3)      Incorporación de gran cantidad de helenismos en el latín (durante distintos momentos y por factores diversos). Estos son algunos de los ejemplos:
         Conceptos generales: idea, phantasia, philosophia, musica, poesis, matemática.
         Tecnicismos literarios: tragoedia, comoedia, scaena, ode.
         Palabras relativas a la danza y el deporte: chorus, atleta.
         Nombres de plantas y animales: origanum > orégano.
         Costumbres y vivienda: balneum > baño, camera > cámara.
         Utensilios e instrumental: chorna > cuerda.
         Instrumentos musicales: cithara > cítara.
         Doctrina y organización de la Iglesia: evangelium> evangelio, angelus> ángel, apostolus> apóstol, diabolus > diablo, ecclesia > iglesia, monasterium > monasterio.

         En un comienzo, los privilegios de Roma no alcanzaban a todas las provincias del Imperio pero luego disminuyó la desigualdad y cuando Hispania llegó a ser la segunda provincia del Imperio, el emperador Vespasiano extendió a todos los hispanos el derecho latino, lográndose así la unificación jurídica. Posteriormente, con el Cristianismo se logró lo que faltaba para que la romanización fuera completa: la unificación espiritual.

              El poderío germánico en la península y su influencia (mezcla cultural)
         En el siglo III de nuestra era, empezaron a verse los síntomas de descomposición, y la invasión germánica amenazaba ya las desmoronadas fronteras del Imperio.
         La dominación romana en Hispania llegó a su conclusión en el año 409, cuando un grupo de pueblos germánicos (vándalos, suevos y alanos) llegaron a la Península con la intención no de invadir y destruir, sino que más bien pretendían participar del Imperio. Durante varios años se produjo una convivencia entre estos invasores nórdicos y la población hispanorrománica. Luego llegaron los visigodos y desalojaron a los tres pueblos germánicos anteriores. Se observaba notoriamente el contraste entre la disoluta sociedad imperial y la vigorosa rudeza de los germanos.

En el siglo V cayó el Imperio Romano de Occidente:
Fin de la antigüedad clásica y comienzo de la edad Media.

         Si bien los visigodos tenían el poder político, los hispano-romanos poseían el poder religioso. Aquéllos, al principio evitaron la mezcla con los hispano-romanos, incluso estaban prohibidos los matrimonios mixtos, sin embrago, la teocracia toledana conquistó las capas superiores de la sociedad goda y constituyó el más firme apoyo del poder real y al fin se llegó a la unificación jurídica para los individuos de ambas procedencias.
         En 589 los germánicos se convirtieron al cristianismo y abandonaron pronto su lengua gótica asimilando las costumbres y la lengua románica de la Península.
         La fusión con los hispano-romanos tuvo resultados de valor nacional superior, transformaron las costumbres y el derecho, y trajeron la simiente de la inspiración épica.
·  Voces romances de procedencia germánica:
         Elementos: jabón
         Música: arpa
         Construcción: sala
         Mundo afectivo: orgullo
         Instituciones: bandido, feudo     
         Vestido: cofia
         Equitación: espuela
         Militar: guerra, yelmo, espía, guardián, tregua.

         Durante el Imperio, el latín culto (literario) se estacionó, mientras que el vulgar, el lenguaje empleado en la conversación de las gentes medias y de las masas populares, con rápida evolución, proseguía el camino que habría de llevar al nacimiento de las lenguas romances. Las gentes extrañas que iban romanizándose no percibían bien distinciones en la lengua que aprendían; así ganaban terreno las expresiones nuevas. Al fin de la época imperial, las invasiones y la consiguiente decadencia de la cultura aceleraron el declive de la lengua literaria. Desde el siglo VII sólo la emplearon los eclesiásticos y letrados.
         Con la caída del Imperio, las provincias convertidas en Estados bárbaros, por la dominación de estos, quedaron aisladas unas de otras; la decadencia de las escuelas dejó al latín vulgar sin contención, lo que devino en innovaciones fonéticas y gramaticales, nuevas frases y palabras en cada región. Llegó un momento en el que la unidad lingüística latina se quebró, y las diferencias locales constituyeron dialectos e idiomas distintos.
         El romance que se hablaba en España al terminar la época visigoda se hallaba en un estado de formación incipiente, con rasgos muy primitivos. Este era el romance precastellano.

         La llegada de los árabes y la Reconquista (fragmentación de Hispania)
         En el 711 llegaron los árabes desde el norte de África a Hispania y pusieron fin al reino visigótico y en pocos años se apoderaron prácticamente de toda la Península. Con el avance de los árabes, los cristianos, empujados por aquellos se fueron hacia el norte y así se completó el proceso de romanización, ya que se llegó a romanizar a los pueblos de esa zona, con excepción de los vascos.
         En el 720 se inició el proceso de Reconquista que duró hasta 1492, momento en el cual cayó el reino moro de Granada, que era ya el último reducto árabe. Sin embrago, los árabes no fueron expulsados, sino que su presencia duró mucho más.                
·  Voces romances de procedencia árabe:
         Plantas: alcachofa, algarroba, alubia, zanahoria, berenjenas, alhelí
         Productos: azafrán, azúcar, algodón, alcohol
         Guerra: aljaba, tambor
         Vivienda: aldea, zaguán, azotea, alcoba, azulejos
         Instituciones: alguacil, alcalde
         Color: azul, carmesí

         El romance primitivo (siglos IX- XI) de los estados cristianos españoles nos es conocido gracias a documentos notariales que, si bien pretendieron emplear el latín, insertaron por descuido, ignorancia o necesidad de hacerse entender, formas, voces y construcciones en lengua vulgar.
         El romance apareció usado con plena conciencia en las Glosas Emilianenses y en las Glosas Silenses. Unas y otras datan del siglo X o comienzos del XI, en ellas los monjes anotaron en los márgenes traducciones de frases o palabras latinas que desconocían.
         El español primitivo carecía de fijeza y coincidían formas que representaban diferentes estados de evolución. Además, la lengua romance sólo circulaba para el habla cotidiana; recién en el siglo XII, XIII esa lengua comenzó a gozarse como literaria. Gonzalo de Berceo fue el primer autor castellano conocido. En este punto surgió una nueva literatura, la cual, al utilizar el romance y no el latín, que muy pocos comprendían, pretendió dirigirse a un público nuevo.
         En el año 1492 Antonio de Nebrija escribió la primera Gramática Castellana.

En el siglo XV cayó el imperio Romano de Oriente:
fin de la Edad Media y comienzo del Renacimiento.
        
         El esplendor del idioma se completó con los grandes autores del Siglo de Oro (siglo XV) a partir del trabajo iniciado en la Edad Media.

         Etapa de la conquista y colonización de América
         Con el descubrimiento de América se incorporaron palabras para nombrar elementos hasta entonces desconocidos para los europeos, por ejemplo, del quechua provienen, entre otros,  los vocablos choclo, vicuña; del náhuatl se toman cacao, tomate, hule y otros; del arahuaco y del caribe caimán, tiburón, maní entre algunos ejemplos.

         Influencia de otras lenguas modernas
       Italianismos:
         Durante el Renacimiento especialmente se incorporan del italiano palabras referidas al arte y a la música: soneto, terceto, partitura, novela, modelo, diseño. Las palabras que el castellano ha tomado del italiano se denominan italianismos.
         Galicismos:
         Durante el siglo XVIII y hasta fines del XIX el francés aporta palabras referidas a la moda, la vida social, la vivienda, la cocina, como sofá, hotel, pantalón, servilleta, merengue, chalet, etc. Las palabras que el castellano ha recibido del francés se denominan galicismos.
         Anglicismos:
         Desde finales del siglo XIX y hasta hoy se toman palabras inglesas (anglicismos) referidas al deporte (tenis, fútbol) y a la tecnología.

      



El indoeuropeo es una lengua reconstruida, es decir, muerta y de la que no se tiene testimonio escrito, y que ha sido deducida a partir de las semejanzas entre diversas lenguas hijas, entre ellas el latín, e griego y el sánscrito. Se supone que el idioma indoeuropeo se hablaba en el año 3000 a.C., y que hacia el 2000 a.C. ya existían rasgos de diferenciación notables entre las lenguas nacidas del mismo.